Beso de sal I

Como la mayoría de los proyectos fotográficos contemporáneos, el de Cristina Béjar es un ejercicio de narrativa. Su principal problemática ha sido cómo llevar al plano de la representación visual el relato de su relación con sus hijos. Varias características parecen inseparables de este tema: la representación del espacio doméstico, el aire íntimo de las escenas, la espontaneidad de las situaciones fotografiadas, la sensación de que el motivo visual está construido de acuerdo a una serie de claves privadas.

En el origen de ese relato hay una historia de miedos e incertidumbre. La resolución formal de la imagen fotográfica remite a un espacio sombrío y a una figuración fantasmagórica. Dos figuras: el agua y la cuerda, aparecen con su inobviable potencial simbólico. Esa combinación representa el ámbito del sueño tanto como el del vientre materno, donde el cordón umbilical es el último impedimento que debe salvarse en el momento del nacimiento. Sin proponérselo, el imaginario de la fotógrafa confluye con el pensamiento de la filósofa María Zambrano, en cuanto a la sugerente cercanía entre la condición del soñante y la condición del no nacido, equidistantes ambos del no ser y la vida en la conciencia.

No hay espacio aquí para detenerse en el planteamiento que hace Zambrano de la vida humana como conciencia del tiempo; sin embargo hay que llamar la atención sobre la decisión de Cristina Béjar de trabajar un mismo tema mediante el lenguaje fotográfico y el del cine, lo cual implica, entre otras cosas el trabajar con diferentes temporalidades o diferentes maneras de codificar las relaciones entre duración, lapso y fijeza.

La mejor decisión de Cristina Béjar ha sido no conformarse con la estructura icónica y bidimensional del objeto fotográfico y experimentar, no sólo con el cine y el video, sino con la instalación, forzando la presencia del objeto más allá de los límites de la impresión. Al desplazar el dramatismo del tema al objeto, la autora logra pulir las narrativas de la maternidad y de la infancia, tan maltratadas por el sentimentalismo.

Cristina cambia el cuadro por la caja, lo cual trastoca el modo tradicional de presentar la fotografía y de representar lo fotográfico. La caja es también una especie de réplica del espacio museográfico; una miniatura de la galería (también una miniatura de la casa) y del escenario. Proscenio que deviene artefacto conectado a otros artefactos, exhibiendo los cables, sin pretensiones ilusionistas y sin la pulcritud del “fine art”.

Juan Antonio Molina

Exposición perteneciente al ciclo «Poéticas de Riesgo» de Página en Blando https://www.paginaenblando.com/cristina-bejar